Política Viral: El estímulo económico de Obama
Barack Obama, Presidente Electo de los Estados Unidos, ha dado a conocer algunos datos del programa de estímulo económico que, hasta ahora, solamente había dado a conocer como “grande” y que sería lo necesario para “sacudir” la economía. Resulta el caso que dicho estímulo alcanzaría la cifra de 775 mil millones de dólares, y comprenderá en su mayoría un aumento en el gasto público para modernizar la infraestructura.
Esta partida evoca el programa económico del penúltimo gran Presidente del Partido Demócrata, Franklin D. Roosevelt: el llamado “Nuevo Trato” o “New Deal“. En aquella ocasión, Roosevelt requería de una solución para reactivar la economía luego del crack de 1929 (que según analistas es la peor crisis de la historia, seguida de la que actualmente vivimos), y los encargados de la política económica de aquel entonces optaron por la fórmula de John Maynard Keynes, al utilizar las palancas gubernamentales como las principales fuentes de riqueza.
El jurado aun delibera si Roosevelt logró su cometido o no. Algunos expertos consideran que el desempleo fue aumentando a pesar de las medidas contracíclicas Keynesianas, y que apenas con la Segunda Guerra Mundial se logró sobrellevar la mala situación económica. Otros, sin embargo, atribuyen ese resurgimiento al aumento gradual en el gasto público, algo que es constante en Estados Unidos desde entonces.
Por mi parte, este fragmento del plan de Barack Obama no es de mi agrado. La intrusión del Gobierno en la economía distorsiona los mercados y su forma de funcionar natural, endeudándose o aumentando impuestos, lo cual origina que se extraigan los recursos de los particulares por una camarilla que parece “saber mejor” aplicarlos. Así, en Estados Unidos existirá un boom en la industria de la construcción, pero ese recurso se retirará de otras manos y otras industrias. De cualquier manera, aunque no sea ideológicamente mi tacita de té, este plan es lo mejor que puede haber frente a un consumo que va en franco declive y una inversión prácticamente nula.
Sin embargo hay otro lado de la moneda. Obama hizo campaña aproximándose más al centro - e incluso a la derecha - al prometer recortes de impuestos a la clase media, combinado con su plan de gasto gubernamental (se dice que éstas son las principales medidas expansionarias de la economía). Para sorpresa de muchos, el Mandatario electo cumplió su palabra, y anunció 300 mil millones de dólares de recortes a impuestos para la clase media, evocando un programa del último gran Demócrata, John F. Kennedy.
Un recorte de impuestos es sensible, forza al Gobierno a ceñirse el cinturón y regresa dinero a los bolsillos del ciudadano común; y es precisamente con esto con lo que se reactiva el consumo exponencialmente. Esta medida, desde luego, no atenta - como el gasto gubernamental - contra la libertad del individuo y el libre mercado.
Toda esta historia viene a colación puesto que en Chihuahua pareciera ser que no sabemos conducir el carro de la economía. El Gobierno del Estado y nuestro H. Congreso tuvieron a bien: primero, endeudarse por bastantes millones de pesos para efectuar un programa de infraestructura (creando empleos pero a la vez minando otros por la distribución preferente del recurso); y luego, en vez de utilizar medidas contracíclicas como el recorte a los impuestos, mostrarse indolentes con el replaqueo.
Nuestras placas - a la vez que están feísimas - probablemente contrarresten algo del efecto que se pudiera haber logrado con el programa de infraestructura de Gobierno del Estado. Una absorción del costo con esos millones de pesos de deuda hubiera hecho más por la economía que el programa en cuestión.














